LA CIUDAD

LA CIUDAD

“La verdad sólo puede ser una experiencia propia según el grado de desarrollo propio. Nadie puede saborear una manzana en lugar de uno. Y una descripción de su sabor es asunto harto inútil. Del mismo modo, es todo lo que realmente tiene importancia, nadie puede ayudar a nadie. Únicamente puede ayudarnos nuestra propia capacidad para ver la verdad de cualquier cosa…” “Si pudiésemos penetrar a la necesaria profundidad de nosotros mismos, si pudiésemos alejarnos de nuestras reacciones hostiles, sabríamos que hacer en cualquier situación o problema pues haríamos luz sobre un significado completamente nuevo. Veríamos la situación transformada.”

   “La flecha en el blanco”, Maurice Nicoll

La verdad en el mundo que vivimos es una experiencia propia y personal para cada uno de nosotros según el nivel o grado de desarrollo. Conocer un objeto, un lugar, una situación o a uno mismo es algo particular que nadie puede hacer por nosotros. Únicamente nosotros podemos ver la verdad en algo. Experimentar su sabor, el color, la textura, los sentimientos, es algo interno y que interpretamos según nuestro nivel de comprensión de la realidad dónde hacemos experiencia. Podemos pensar que hay diferentes verdades según el punto de vista de cada persona, porque cada uno de nosotros percibimos la realidad desde un lugar fragmentado, desde diferentes partes de nosotros o diferentes yoes. No vemos las cosas tal cual son sino desde una parcialidad subjetiva. Si logramos acallar esos innumerables personajes que viven en nosotros y alcanzar un Yo real, las cosas cobran otro significado porque son vistas desde un lugar más real o verdadero; más consciente, más objetivo. Todo es visto desde otra luz, y las cosas, situaciones, eventos y personas ya no aparecen deformados.

Algo similar sucede cuando creemos conocer una ciudad que nos gustaría visitar viendo un documental o fotos de una guía turística, o escuchando los comentarios de alguien que ya la visitó. Cuando realmente nos desplazamos y visitamos la ciudad y si alguien que ya la conoce a fondo nos acompaña y nos muestra los rincones más destacados y nos hace de guía, nuestra impresión de la ciudad va a ser muy diferente de la imagen que teníamos al principio. Para cada uno de nosotros la verdadera ciudad es una proyección de nuestro estado interior. Vemos una parte de nosotros en aspectos de esa ciudad. Igual sucede con una película cuando nos explican algún detalle y cuando nosotros realmente la vemos. O con los problemas de la vida cotidiana, cada uno de nosotros ve un significado o valor diferente acorde al nivel de comprensión, de conciencia o nivel de ser, la personalidad, tipología, estado emocional del momento, estado físico, factores externos climáticos, etc. Diferentes variables y puntos de vista que cambian nuestra percepción interna de un acontecimiento y de las personas.

comentario película: «RAPSODIA EN AGOSTO»

comentario película: «RAPSODIA EN AGOSTO»

Esta película nos muestra que mientras nuestras batallas interiores, nuestras guerras particulares sigan habitando dentro de nosotros, las guerras externas, ya sean en la vida cotidiana como las que suceden en otros ámbitos, como entre las naciones, nunca van a desaparecer. Se pueden ocultar o disfrazar en otros eventos, sean guerras comerciales, ideológicas, culturales, deportivas, etc., pero tienen la misma raíz, la violencia. La guerra es el sueño; mientras éste siga vivo, la guerra interior y exterior seguirán activas.

Los chicos, los nietos son guiados por la abuela en un nuevo conocimiento, para descubrir sus orígenes, la historia de su familia, con nuevas impresiones en los tres centros, visitando presencialmente los lugares históricos, familiares, (centro motriz), con las piezas musicales que tocan en el órgano (centro  emocional), datos y fechas históricas,( centro intelectual). Es la curiosidad de la esencia por conocer, aprender, crecer…

Existe la posibilidad de comunicarse permaneciendo en silencio desde algo interno, conectando con la esencia de la otra persona, como hacen las abuelas compartiendo un mismo estado. Es la necesidad del silencio interior, cuando el ruido interno y externo son dueños de nuestra vida. Como dice la abuela: “Hay quien permanece en silencio para comunicarse”.

Como hace el chico, el nieto mayor, desde el inicio de la película, tratando de afinar el órgano, si afinamos nuestra psicología con un trabajo interno, tendremos la posibilidad de hacer el camino transitable, como hacen las hormigas que aparecen en la película para llegar a las flores de la rosa, que van salteando los obstáculos, ( las espinas), escalando por el tallo ( la vida), hasta llegar a los pétalos (el despertar).

En la escena final de la película, cuando corren bajo una fuerte lluvia y viento, siguiendo a la abuela que intenta protegerse con un paraguas, me vino la idea de que si tomamos el paraguas que lleva, como una parte de nuestra máquina, de nuestra falsa personalidad de poco nos va a servir cuando nos alcance la tempestad, el temporal de los conflictos de la vida ordinaria, si no construimos una nueva personalidad, un nuevo hombre, (con un buen chubasquero).