LA ORQUESTA

LA ORQUESTA

Este trabajo de autoconocimiento nos dice que el hombre y la mujer fuimos creados como organismos “autodesarrollantes“. Nacimos con una esencia sin desarrollar, pero que tiene la posibilidad de crecer a través de las experiencias adquiridas por nuestra personalidad. Tras la esencia se encuentra el “Yo Real”, nuestro verdadero Yo, totalmente desarrollado, pero oculto tras innumerables yoes o diferentes personas que habitan en nosotros y que constantemente se relevan para tomar el mando de nuestra máquina psicológica, haciéndose pasar por el verdadero Yo Real. La vida mecánica es el caldo de cultivo que alimenta estos yoes que viven sin control dentro de nuestra vida interior, sin que nada ni nadie ponga orden. Somos como un barco sin control donde cada marinero hace las funciones de capitán y el rumbo de la embarcación cambia según el marino que lo maneja. Para comenzar a tomar el control de nuestra psicología y sus cambiantes estados, necesitamos observarnos a nosotros mismos mediante la creación de un yo observante, una parte de nosotros más consciente, que se separa del resto y con más objetividad puede comenzar a ver el funcionamiento de nuestra máquina y el resto de yoes.

En nuestro estado actual somos como una orquesta sin director, donde cada músico hace sonar su instrumento a destiempo, como un yo de turno que asoma la cabeza y toma el mando. Sin un orden, sin armonía, la composición a interpretar es una melodía fragmentada, como nuestra  vida cuando nuestra psicología está dominada por unos yoes descontrolados sin un yo observante que ponga orden hasta lograr tener un yo permanente y que la orquesta, igual que pasa en nuestra psicología pueda interpretar las canciones como bellas y armónicas melodías y nosotros con un yo permanente podamos recibir las impresiones que nos llegan de la  vida en un lugar donde nuestros estados permanezcan en armonía y equilibrio.

Con un yo permanente, la orquesta, es decir nosotros, podremos interpretar el repertorio musical, los eventos de la vida, no solo en un auditorio, teatro, un pabellón deportivo, si no en cualquier lugar donde la orquesta sea requerida, cualquier lugar, ciudad, país, escenario, sin perder nuestro centro de gravedad. Los distintos escenarios, autores, obras, hacen crecer a la orquesta y sus músicos, igual que las experiencias conscientes de la vida hacen crecer nuestro ser. La vida será entonces nuestra maestra.