por Jose Ma | May 16, 2026 | autoconocimiento, comentarios
Suena el despertador. Es viernes 8 de mayo, día de trabajo. Comenzar la rutina diaria es una tarea complicada, salir de la cama, dar el primer paso … Aún es de noche, con los ojos todavía a medio abrir, intento dirigir la mirada y mis pensamientos al lugar donde está la ropa que voy a llevar. Visita al baño, desayuno rápido y breve; ejercicios rutinarios, revisar la mochila con todo lo necesario para la jornada laboral, igual que el excursionista que va a la montaña. Mi excursión diaria es salir a paso ligero del edificio donde vivo en dirección a la estación de metro. En mi camino, bajo las farolas todavía encendidas, otros aventureros como yo siguen la misma ruta para adentrarse bajo tierra en las entrañas de la gran ciudad, en los dominios de la gran serpiente de acero que engulle a miles de ciudadanos cada día. Miradas perdidas, rostros serios son prisioneros de los teléfonos móviles, mientras el indicador de la luz roja se desplaza por los nombres de las estaciones. Aún quedan unas cuantas para mi destino y puedo por un rato tomar el asiento duro del vagón para cerrar los ojos y escuchar sólo las puertas que abren y cierran, y el pitido de aviso. Ultima parada y sigo a una riada humana hacía la superficie, donde nuestros caminos se separan. Yo sigo el camino de la parada del autobús donde encuentro muchas caras conocidas esperando la llegada del gigante con ruedas. Con suerte si acierto el lugar donde para y tengo la puerta cerca puedo encontrar asiento libre. Sentado junto a la ventana veo unas finas nubes que acompañan al sol a salir de su letargo. El autobús recoge los últimos pasajeros antes de tomar la carretera principal en dirección a los lugares de destino. La misma ruta día tras día, a la misma hora, prácticamente los mismos pasajeros, como en la película del día de la marmota. Falta muy poco para dejar la carretera principal y seguir con la que lleva a las ciudades que marca la ruta de esta línea de bus. De repente el conductor hace un giro brusco y cambia al carril contrario del que marca la ruta, y sigue por la carretera principal para tomar la autovía general. Algunos de los que no estamos atrapados por los móviles nos miramos con cara de asombro. La mayoría no se ha dado cuenta. El autobús sigue con paso firme en dirección a lo desconocido. Algunos de los pasajeros se acercan al conductor para ver que pasa, pero éste encerrado en su cabina está en silencio con la mirada puesta en la carretera. El nerviosismo nos invade a todos por esta situación inesperada. Algunos golpean los cristales de la cabina del conductor, pero no se inmuta, otros envían mensajes o llaman para avisar del imprevisto. Un sentimiento de pánico empieza a crecer en mi interior. Todos estamos muy alterados con esta situación surrealista. Un murmullo general invade cada centímetro del bus. Pasan los minutos y miro por la ventana para ver que nos depara el destino y en cuestión de poco tiempo, sin una explicación lógica nos encontramos de frente con la inmensidad del mar; un mar brillante, imponente, engrandecido por un sol orgulloso y provocador recién aparecido en el horizonte. El autobús se dirige a toda velocidad en dirección a la playa por el paseo marítimo, sale de la carretera bruscamente y se adentra en la arena abriéndose paso con dificultad dando botes, con paso torpe en dirección al agua, hasta que las ruedas llegan a besar las olas del mar. El autobús para en seco. Todos nos miramos con cara de incredulidad, desconcertados, pero con la sensación de estar viviendo una situación irrepetible. Por fin el conductor se levanta, sale de la cabina con los ojos iluminados por la luz de la mañana, nos mira fijamente y dice: “sólo quería mostrarles que es posible cambiar el rumbo de nuestras vidas, algunos de ustedes han tenido este pensamiento en la cabeza y yo me encargué de hacerlo realidad.” Y no dijo más. Están fueron las últimas palabras que escuché, porque en ese instante el sonido del aviso de la próxima parada me sacó del sueño. Me había quedado dormido unos minutos. En la siguiente parada ya tenía que bajar para seguir caminado hasta mi lugar de trabajo.
Si podemos ver el autobús como si fuéramos nosotros, el conductor podría ser nuestra esencia, nuestra parte más real y los pasajeros nuestro lado más mecánico: la personalidad y sus yoes…
por Jose Ma | Dic 12, 2025 | autoconocimiento, comentarios
“La personalidad falsa es algo especial. Usted está opuesta a ella. Debe, por tanto, hacerse desaparecer o, al menos, no debe tener parte en este trabajo. Esto se aplica a todos y todo el mundo debe empezar de este modo. Lo primero es conocer a la propia personalidad falsa y de ningún modo confiar en ella (en sus ideas, palabras y acciones). Esto no se puede destruir, pero se puede hacer pasiva durante algún periodo de tiempo, y luego poco a poco ir debilitándola. La personalidad falsa no existe en realidad, pero nos imaginamos lo contrario. Existe por sus manifestaciones, pero no como parte de nosotros mismos. No intenten definirla o se perderán en palabras, pero es necesario tratar con hechos. Las emociones negativas existen, pero al mismo tiempo no existen; no hay un centro real para ellas. Esta es una de las desdichas de nuestro estado. ESTAMOS LLENOS DE COSAS NO EXISTENTES.”
“La consciencia”, P.D. Ouspensky
Vamos a imaginar que somos un teatro donde continuamente se representan funciones y donde los actores que son la parte de nuestra personalidad siguen el guion de una obra y se meten dentro de la psicología de un personaje ficticio y hacen, sienten y piensan como este personaje inventado. Si nos creemos este personaje irreal con todo lo que está formado y que es nuestro estado habitual, con el que nos movemos en la vida, estamos dentro de la falsa personalidad. Los espectadores del teatro son testigos y ven al personaje ficticio (falsa personalidad) y no al actor que lo interpreta o personalidad real. Nosotros nos identificamos con el personaje de la obra, que está lleno de cosas no existentes en el actor que lo representa. Si somos capaces de separar al personaje inventado del actor que lo representa llegaremos a hacer pasiva a la falsa personalidad. Desde que nos levantamos de la cama hasta que volvemos a dormir, representamos un personaje inventado en la función de nuestra vida y toda la vida es una gran obra de teatro sin final donde todos hemos olvidado al actor que está debajo de ese personaje. El Trabajo nos da las herramientas para salir de ese teatro que es el sueño de la vida y volver a nuestra casa, el circulo de la humanidad consciente. Cada día representamos una escena de esta obra que percibimos como real y así día tras día dentro del mismo reparto sin ver más allá del personaje falso.
por Jose Ma | Oct 26, 2025 | autoconocimiento, comentarios
Dentro de la mitología clásica encontramos numerosos mitos y leyendas con un profundo significado esotérico y que son alegorías de experiencias personales de superación y transformación interior. Legendarias historias y aventuras, epopeyas de grandes hazañas, de batallas épicas, conquistas y luchas de poder, que tienen como protagonistas a dioses inmortales, héroes mitológicos, gigantes, hechiceras, criaturas mágicas, etc. La historia de Prometeo, las doce pruebas de Hércules, la Caja de Pandora, Perseo y Medusa, la caída de Ícaro y otras muchas, son algunas muestras que impregnan las culturas y tradiciones populares de los últimos tres mil años y donde encontramos un buen caldo de cultivo para las manifestaciones de los deseos y las pasiones de sus protagonistas. De todas ellas emerge con fuerza “La Odisea”, que relata el interminable, tortuoso y tempestuoso viaje de su protagonista Ulises para llegar a Ítaca, su patria y hogar tras la guerra de Troya. Es un viaje que va más allá de su significado literal y que esconde un profundo significado esotérico, de autodescubrimiento y transformación interior del propio Ulises, de superación de las adversidades externas e internas: de dioses y diosas, de reyes, enemigos ocultos, del clima adverso, de la naturaleza hostil, pero también de sus miedos, temores, inseguridades, sufrimiento, dolor, tristeza, etc. Muchos factores intervienen en esta metamorfosis. Tiene lugar una desnudez, una purificación del Ser, empezando por la personalidad del protagonista, hasta llegar a comprender la importancia del reencuentro con su parte anímica, con su alma personificada en su esposa Penélope a la que había dejado lejos para entrar en combate en la guerra de Troya. Cuando se despoja de todas sus vestiduras de héroe, de guerrero, de rey, y de los estados de ira, odio, de violencia y otras emociones negativas; de lo artificial, de lo irreal, y es arrastrado por la fuerza del mar a la orilla de su patria Ítaca, y ya en su palacio, su morada, que es él mismo, se libera de sus yoes negativos, de los pretendientes que acosan a Penélope, a su esencia, su alma oculta en lo más recóndito del palacio, de su Ser. Entonces, libre de todos estos velos es cuando puede reconocer a su parte anímica, su esposa, que está en su hogar, en su reino, está en él, donde siempre había estado y que ahora regresa para completarse como una totalidad.
En este viaje interior y exterior, el mar como vehículo catalizador y transformador es testigo de cómo Ulises sufre un progresivo desprendimiento de partes de su Ser, partes de él que siempre le habían acompañado, sus yoes, sus diferentes personalidades, como sus compañeros en este viaje, su tripulación y que junto a su embarcación son parte inseparable de su vida y de sus decisiones en cada acontecimiento que aparece en su trayecto de regreso a casa. Llega a su hogar sólo, purificado, despojado de los yoes dañinos, como un nuevo hombre que se reencuentra con su parte esencial.
El viaje de Ulises es un camino que muchos de nosotros experimentamos en este viaje que es la vida, en nuestra propia embarcación o vehículo, que es nuestro cuerpo gobernado por nuestros yoes, como la tripulación que maneja y toma las decisiones a cada instante. El capitán del barco, como el Ulises que está en nosotros, nuestro yo más real, más consciente, no siempre está al mando y es llevado repetidamente a estar perdido en el mar de la vida sin alcanzar su destino y unión con su parte más esencial. Como decimos en este trabajo de autoconocimiento, que la personalidad se torne pasiva para que la esencia pueda estar activa y encontremos así nuestro propósito de vida, nuestro destino, nuestra Ítaca en esta historia personal. Nuestras vidas están llenas de hechiceras, cantos de sirena, dioses, gigantes y dentro de nosotros también habitan todos estos personajes, en forma de yoes, como metáforas de distracciones y obstáculos para que no despertemos y que hacen de segunda fuerza o fuerza contraria a nuestros propósitos iniciales de regresar a casa, de “Despertar”. El embrujo de la vida nos oculta la verdad y nos muestra su cara más ilusoria.
Todos tenemos en este viajar por la vida y en nuestro viaje interior nuestra particular isla con tesoros o situaciones donde quedamos atrapados. Un gigante Polifemo como emoción negativa que nos devora por dentro. Una hechicera Circe que nos embruja con sus palabras. Vientos, tormentas, remolinos, olas, como pensamientos y sentimientos negativos, que nos llevan sin rumbo definido por la vida, dando tumbos. Sirenas que nos embrujan como las adicciones o identificaciones, que nos hacen olvidar nuestros propósitos y metas. Enemigos en las sombras que quieren invadir nuestro hogar. Una diosa Calipso en su isla, como fantasía a la que nos aferramos por mucho tiempo y que nos aleja de nuestro hogar, de nosotros mismos. Gigantes crueles que nos devoran sin piedad como el Orgullo y la Vanidad. Un dios Poseidón creador de continuos obstáculos, contrariedades a nuestros proyectos y a nuestro trabajo personal y que lo hacen inalcanzable. Pero también tenemos una diosa Atenea como nuestra conciencia sepultada o nuestra parte más consciente que nos guía por este camino. Y remotos y escondidos lugares como el pueblo de los feacios donde asisten y guían a los viajeros extraviados a volver a su hogar, colmándolos con bellos y valiosos presentes, igual que la Escuela y el Trabajo de autoconocimiento nutren de enseñanzas al que busca la verdad escondida en su Ser. Todo este simbolismo presente a lo largo de la historia son referencias, señales y pistas, una especie de mapa de navegación que nos muestra la ruta a nuestro hogar psicológico.
La Odisea es el mágico viaje de Ulises y el que hacemos muchos de nosotros en esta vida que tenemos, en la búsqueda de nuestro lado más real y verdadero. A más conciencia y estar presente en el trayecto, mayores serán las posibilidades de alcanzar nuestra propia Ítaca, la integración de todas las partes de nuestro Ser.
por Jose Ma | Sep 24, 2025 | autoconocimiento, comentarios
“El gran Diluvio es una alegoría de la caída de la civilización, de la destrucción de la cultura…” “La idea de la alegoría es que, en el momento de la aparente destrucción de todo, aquello que es realmente valioso se salva según un plan previamente preparado y pensado. Un pequeño grupo de hombres escapa a la ley general y salva las ideas y adelantos más importantes de la cultura dada. La leyenda del Arca de Noé es un mito que se refiere al esoterismo. La construcción del Arca es la “Escuela”, la preparación de los hombres para la iniciación, para la transición a una nueva vida, a un nuevo nacimiento. “El Arca de Noé”, que se salva del Diluvio, es el círculo interior de la humanidad.”
P.D. Ouspensky, “Un nuevo modelo del universo “
El gran Diluvio simboliza el fin, la destrucción de aquello que ya no sirve para la evolución interior. Tamizar mediante la fuerza del nuevo conocimiento y las ideas que forman nuestro Arca psicológico, el grano de la paja. Salvar lo más valioso que existe y desechar lo que contamina el desarrollo del individuo. El Trabajo de Escuela, como el Arca nos mantiene a flote con la fuerza de su significado y conocimiento. El Arca nos sella de las influencias dañinas de la vida igual que las aristas de madera bien selladas no dejan pasar el agua y evita que la nave se inunde. Construir un Arca en nuestra psicología es formar en nosotros un lugar, un espacio, donde a la luz de la conciencia podamos ver que hay en nosotros que ya no sirve para nuestro crecimiento y desarrollo interior. Con que nos quedamos y que desechamos. Que pensamientos y sentimientos a lo largo de todo un día pueden salvarse y entrar en el Arca y cuáles dejamos que sean arrastrados por la corriente, que no sirven para nuestra evolución interior. Pero para este renacimiento primero tenemos que despertar, es decir tomar conciencia de lo que sobra y lo que no sobra. Si queremos tener nuestro huerto en buenas condiciones primero hay que conocer el tipo de plantas que son beneficiosas y cuales no, entonces sacar las malas hierbas, luego cultivar, regar y cuidar las que son buenas y también podemos sembrar nuevas para que nuestro huerto renazca como un espacio fértil y fructífero. Un nuevo huerto, como el “Nuevo Hombre” del que nos habla el Cuarto Camino. Nos subimos al Arca, como la Escuela que nos lleva a nuevas ideas, a nuevas formas de pensar para este nuevo nacimiento. A cada momento, en cada situación de nuestro vivir cotidiano podemos formar un Arca en nosotros que nos ayude a ver los eventos que nacen del diluvio de la vida desde otro punto de vista más consciente y actuar desde ese lugar, para mantenernos a flote y seguir con nuestro camino en esta existencia.
por Jose Ma | Ago 22, 2025 | autoconocimiento, comentarios
El Cuarto Camino tiene como propósito hacernos seres más conscientes; pero para ser más conscientes algún cambio se tiene que dar en nosotros. Si sigo pensando como siempre, si mis sentimientos y emociones se repiten de la misma forma, si mi forma de actuar ante un evento es siempre la misma, sin un cambio de Ser vamos a seguir siendo la misma máquina, personas automáticas, trabajando en la vida siempre igual, respondiendo de la misma manera y repitiendo los mismos errores que nos llevan a la infelicidad. Para comenzar a cambiar cosas en nosotros a nivel psicológico este trabajo nos dice donde comenzar, que hay en mí, en mi interioridad que hace que siempre atraiga los mismos eventos, el mismo tipo de personas, los mismos errores, etc. La observación de sí es el punto de partida de este trabajo de autoconocimiento y transformación. La observación de sí es una mirada global, interna y externa frente a un evento. Es vernos a nosotros mismos, como en un espejo interior para ver los pensamientos, sentimientos y sensaciones en cualquier actividad diaria y de esta manera tener la posibilidad de cambiar nuestra actitud si nos hemos dado cuenta que siempre repito el mismo error por no ser consciente de mi mundo interior, lo desconocido que hay en mí. La observación de sí es una mirada interior a nuestro estado interno, nuestras reacciones y comportamientos ante los diferentes eventos y situaciones que se nos presentan en las actividades cotidianas. Es ir más lejos que prestar atención a la tarea que tengamos entre manos.
Con la observación de sí y con la ayuda del yo observante vamos a poder penetrar en nuestras tinieblas interiores y llegar a vislumbrar partes de nosotros que hasta ahora con nuestros yoes mecánicos habituales no somos capaces de ver. Es como querer observar una estrella lejana a simple vista sin la ayuda de aparatos específicos para este fin. Con la observación de sí, es poder construir nuestro propio telescopio espacial para sacar a la luz nuestro universo interior escondido. Ampliar nuestra conciencia, como se amplían los nuevos telescopios que nos permiten ver con mayor resolución y detalles las galaxias más lejanas. Con más luz vemos con mayor exactitud nuestras zonas oscuras, nuestra parte inconsciente que da forma a nuestro otro universo, el que no vemos a diario, pero que constantemente trabaja en las sombras creando una parte de nuestra realidad que no comprendemos porque se escapa a nuestro nivel de conciencia actual. Este nuevo instrumento que es la observación de sí nos permite ampliar nuestra comprensión de lo que antes era un misterio. Con el tiempo vamos a formar en nosotros nuestro propio observatorio desde donde ver nuestras conductas, actitudes, sentimientos, acciones, pensamientos, etc. Nuestros propios planetas y estrellas dentro de nuestra galaxia interior. Todo un universo dentro de nosotros con sus diferentes niveles de conciencia. Desde la luna como el nivel más bajo, hasta el absoluto como la conciencia más elevada, pasando por los planetas, el sol, las estrellas, las galaxias, etc. Diferentes grados de conciencia presentes en nosotros, pero que se dan de forma accidental y descontrolada en el estado actual de sueño en el que estamos. Tenemos que comenzar a usar ese telescopio olvidado y comenzar a orientarlo hacia adentro y enfocarlo para ver qué planeta, estrella o satélite toma el control. Es decir, psicológicamente que estado emocional y nivel de conciencia está presente en nosotros.