La posibilidad del cambio interior es el resultado de un trabajo con cierto esfuerzo sobre uno mismo a través de un conocimiento, llevado a la práctica, impartido en una Escuela destinada a este fin.

En palabras de Maurice Nicoll, autor de Cuarto Camino, “No puede nadie permanecer siendo lo que es y al mismo tiempo convertirse en otro”,  “uno ha de perder una forma de vida para poder lograr una nueva”.

Podemos explicarlo con un breve ejemplo: Pedro trabaja cerca de Barcelona. Todas las mañanas cuando se desplaza a la empresa, en el trayecto que va desde el transporte público al almacén camina unos 10 minutos por un polígono industrial y pasa junto a un solar del tamaño de una cuadra más o menos  y que está sin construir, todo lleno de hierbas y arbustos de cañas de unos cuatro metros de altura. Toda esta flora silvestre no deja ver la naturaleza del terreno. Estaba cubierto de matojos y cañas. En 4 años, siempre lo ha visto igual.

Un día Pedro se fijó que una máquina excavadora limpiaba las hierbas de la parcela y pudo, entonces, ver el espacio tal como era en un inicio, al origen. Vio que en realidad estaba 2 metros por debajo de donde él caminaba, parecía más grande. Ahora estaba todo limpio y se podía ver claramente el suelo que estaba oculto.

Con el paso de los días notó que empezaban a brotar de nuevo las primeras plantas y cañas silvestres y, rápidamente y de forma mecánica, estaba tomando la misma forma que hacía dos meses.

En poco más de tres meses ha vuelto a estar cubierto de matorrales y las cañas. Ya alcanzan más de 2 metros. Todo está quedando igual y no hay la posibilidad  de que crezca algo diferente. ¿Por qué? Porque no se ha sembrado nada nuevo, ni trabajado sobre el terreno. La parcela sigue siendo la misma, nada ha cambiado.