Cada uno de nosotros estamos formados por una esencia y una personalidad. La esencia es aquello que nos pertenece desde el origen, nuestra parte real, verdadera. Por otro lado, está la personalidad que se va formando de lo aprendido, lo que viene de fuera, de las impresiones externas que llegan a nuestros tres centros: el intelectual, el emocional y el motor; por la educación recibida, la cultura, las modas del momento, la familia, el círculo de amistades, y otras muchas. La esencia por sí sola deja de crecer en los primeros años de nuestra vida y la personalidad se vuelve activa y rodea a la esencia que se vuelve pasiva. Así nuestra vida es gobernada por la personalidad que toma el mando en nuestras decisiones, pero desde una multitud de yoes que nos llevan de un lugar para otro y mecánicamente nos llevan a repetir situaciones recurrentes donde todo nos sucede sin poder “hacer”. Tal como estamos ahora carecemos de un yo permanente desde donde tomar nuestras decisiones. Para cambiar nuestro Ser, nuestra esencia ha de crecer mediante la ayuda de una personalidad construida que pueda ir a la par con nuestro nivel de comprensión, con nuestro nivel de conciencia. A través de nuevas impresiones y hábitos adquiridos en nuestra personalidad la esencia puede crecer y volverse activa. Nuestras conductas tienen que ir en consonancia con lo que vamos adquiriendo de conciencia, con aquello que nos vamos dando cuenta en nosotros. Por ejemplo, si me doy cuenta que soy una persona sedentaria intentar crearme un hábito de ejercicio físico. Incorporar nuevos hábitos a nuestro cotidiano vivir.
Algo similar sucede en nuestras ciudades con el tráfico rodado cuando las viejas carreteras no dan el servicio adecuado para el progresivo aumento del volumen de vehículos. En las carreteras como en nuestra personalidad hay que hacer cambios. Ampliar calzadas, nuevos carriles, construir puentes, nuevos materiales, cambios en la señalización, etc. Renovar el paisaje viario para que coches, camiones, motos, autocares, etc., puedan circular con fluidez, igual que cambios en nuestra personalidad hacen posible que la esencia pueda crecer.
Las viejas carreteras, igual que nuestras antiguas manera de pensar, que antes eran útiles para el volumen de tránsito que había en ese momento, hoy ya no sirven para llegar a nuestro destino después de nuestra jornada de trabajo, ni para la conciencia que vamos adquiriendo en nuestro transitar espiritual. No hay fluidez, todo se ralentiza, hay estancamiento. Cada día se repiten los mismos atascos; pérdida de energía y tiempo. Hacen falta nuevas carreteras, reformas de las vías circulatorias y hay que hacer obras. En el trabajo de autoconocimiento, abrir nuevas vías de conocimiento, nuevas ideas, encontrar personas más conscientes, una Escuela, etc. Un trabajo de transformación interior de nuestros centros ordinarios (motor, emocional e intelectual) para limpiar y purificar la conexión con nuestros centros superiores y tener la posibilidad de escuchar sus mensajes más conscientes. A más conciencia, mejores aspectos en nuestra personalidad para que la conciencia pueda llegar a todos los ámbitos de nuestra vida.